Beetle things

Te amo, en el pasado, en la diversidad del espacio tiempo, te sigo amando, pero en la realidad metafIsica de hoy, ya no mas. No puedo mas.

—Ruth B.

Tu eres el miedo que viene con la calma misteriosa. Tu eres la calma misteriosa que me provoca miedo; y tambien el remedio.

—Ruth Arango.

Viaje

Esa mañana decidió emprender el viaje que tanto postergó; abrió los ojos, y viendo al techo, empezó a contar los días que había dejado ir esperando oportunidades que le vinieran bien, y supo, así sin más, que la oportunidad nunca llegaría. 

La maleta estaba del lado derecho de la cama, arrumbada con un par de cosas que olvidó sacar de su último viaje, quizá la ropa dentro de ella ya olía a guardado, quizá los enseres ya estaban inservibles, pero sin más, se cambió de ropa, se lavó la cara, arregló un poco su cabello y emprendió el viaje sin decir adiós siquiera a su madre.

Con el pasar de los días su ausencia se hizo notoria pero soportable.

La primera ciudad que visitó parecía rezagada en el pasado, sus calles eran melancólicas, húmedas y llenas de musgo. Había tanto aroma a café y libros, que creyó que ese era su sitio. Conoció a un hombre de cabello rizado y alborotado que caminó con ella de la mano por esas calles; juntos llegaron a sentarse en la escalinata de aquella antigua universidad a filosofar sobre el mundo. Hasta que el mundo se les vino encima, y ella supo que tenía que marcharse de su lado.

Caminó por caminos secos, truculentos, oscuros, se cansó tanto que ya nada de lo que estaba en su maleta parecía servirle. Caminó un par de años, visitó un par de sitios, algunos surrealistas, otros más terrenales, pero ninguno se ajustaba a la suela de sus zapatos, no encontraba descanso.

Un día de repente tuvo una epifanía mientras leía a Cortázar, y en su mente se dibujó el mapa del lugar al que debía ir entonces. Llegó como por arte de magia, con tal surrealismo en sus pasos, como si el mismísimo representante de tal corriente hubiera sido su guía. De frente, entre campos verdes y amapolas reflejando el sol; vio a Dios. En esa ciudad Dios estaba en todas partes, o al menos eso pensó ella en aquel entonces, las catedrales, capillas y edificios llenos de matices religiosos la llenaban de un aura pacífica pero misteriosa. Por las noches salía a ver como se movían los ángeles y arcángeles en medio de la gente que caminaba en medio de las plazas, respiraba incienso, estaba sumergida en medio de la metrópoli del mundo espiritual. “Ah, encontré la paz” -pensó- pero un par de semanas después, en una de sus habituales caminatas nocturnas vio un mendigo pidiendo socorro para su hijo que estaba muriendo en sus brazos, un arcángel pasó a su lado y no le tendió la mano, una mujer visiblemente adinerada y puritana pasó a su lado, y no le pasó la vista ni siquiera con el rabillo del ojo. Ella, asombrada empezó una observación, en la que noche tras noche se repetía el mismo acto en cada esquina de la ciudad, diferente mendigo, diferente necesidad, diferente arcángel, la misma indiferencia. Con el paso del tiempo se dio cuenta de que el sitio estaba encantado, los pobres de espíritu eran visibles para lo ricos de corazón, a quienes nadie, jamás les tendía la mano. La mochila, arrumbada en la entrada del hostal donde ocasionalmente dormía, desapareció con ella una noche de agosto.

Existen viajes interminables, y hay sitios en los que ella estuvo que jamás mencionará,pero hoy estoy aquí viéndola regresar, con el mismo semblante de necesidades ahogadas y un par de kilos menos. No sabe que va a toparse a ese hombre en la puerta de su casa; que él fingirá haber olvidado un asunto y cuando extienda sus brazos a ella para rodearla, ella sabrá entonces que está en el sitio donde debió haber estado desde el inicio; en el mejor lugar en el que ha estado en toda su vida.

Mientras ustedes lloran por conseguir tickets para ver a artistas contemporáneos, yo lloro por que jamás conoceré a Henry Miller. (por FuckingYouth)

Roberto

La primavera entraba por la puerta amplia, tomándose la calma necesaria para atormentarnos a todos con estornudos como mosquitos dispersos en el ambiente; unos contagiaban a otros, todos se llenaban de bacterias y microbios, el virus se esparcía de manera alegre y sin preocupaciones, fue entonces cuando decidí salir del letargo a dar una caminata de esas que había estado postergando por miedo al frío.

En la calle 23, frente a una escuela antigua donde aún recuerdo, abundaban las maestras viejas y hurañas, de esas que parecían hasta tener verrugas en la nariz que se caían y volvían a aparecer con cada regaño; ahí, frente a todas ellas, yacía el cadáver de Roberto, tirado en el piso en un hermoso charco de sangre que me recordaba un poco a las pinturas de Matisse, era colorido, incluso pintoresco, alegre; pero también desolador.

Roberto había sido mi amigo durante los últimos 15 años, pero en el momento en que miré aún en la distancia las luces rojas del semáforo de la calle donde Roberto solía presentarse a trabajar, un montón de gente alborotada me auguró el encuentro con un muerto; y no fallaron. Crucé la calle, miré a Roberto como si fuera un perro, encendí un cigarrillo y seguí caminando. No podía quedarme observando más tiempo, estaba abstrayéndome en ese charco de sangre y la policía no tardaría en llegar, así que preferí huir del lugar cargando una culpa que no me pertenecía, salvo por haber visto a Roberto como si fuera la más grande obra de arte conocida por mis ojos.

Más tarde, mientras seguí la caminata, me topé con un gato que caminaba en dos patas y fumaba un puro, entablamos la conversación más razonable de toda mi vida, empezó por preguntarme que hacía fumando tabaco de mala calidad a estas alturas de mi vida, al principio me sonó a un maullido inconsistente y loco, pero luego entendí el sentido de su cuestionamiento, mi rostro era tan pálido, y llevaba toda la pinta de un capo adicto a los habanos, pero hacía meses que no me miraba al espejo, no era mi estilo querer saber de mí; ni de nadie.

Olvidamos los puros, y pasamos al siguiente tema; Roberto, yo había decidido olvidarlo unas cuadras atrás, pero el gato me dijo que conoció a su esposa, que solía darle leche cuando él aún andaba en cuatro patas y no tenía ropa qué vestir. Decía que era una buena mujer, que cada tarde lavaba las camisas de Roberto hasta dejarlas de un blanco impecable, y por la mañana las plancahaba para que lucieran así, tal como en la escena del crimen; como un lienzo perfecto donde pintar el fauvismo depositado con la sangre en ese crimen.  -Pobre mujer- me dijo el gato, -si yo pudiera la compensaría con algunos ronroneos, pero ya sabes, ya no suelo hacer eso- lo entendí perfectamente, yo tampoco era de los que adulaban o consolaban por cordialidad o educación, no podía, ni con toda la moral católica que me inculcaron mis padres aprendí algún día a hacerlo.

El gato, quisquilloso en sus temas de conversación seguía con Roberto en la boca; o en el hocico, lo que sea más correcto al caso. Roberto no había hecho nada mal, según el gato el problema fue meterse con las personas equivocadas, y estar en el lugar incorrecto a la hora incorrecta, ya saben, ese cliché que a la gente se le ha atorado en la garganta desde tiempos inmemoriales. Pero no, yo creí que Roberto estaba donde tenía que estar, por que alguien, no sé, alguien que “mueve los hilos” así lo quiso, y bueno, se murió, ¡pum! de un disparo se le fue el alma al cielo y la sangre al piso.

El gato me acompañó unas manzanas más adelante, no dejaba de fumar, era un tipo petulante, pero dicharachero y agradable. Un bebé de 2 meses que pasó corriendo por la calle, nos detuvo de un sobresalto; su mamá estaba persiguiéndolo para atraparlo con el cable de televisor, quedé perplejo. Ante mi mirada atónita el gato soltó un maullido estrepitoso, que según el, era una carcajada; y fue entonces donde empezó su verdadero relato. Hacía ya meses que no había policía en ese sitio, así que mi miedo inicial de ser culpado de ver a Roberto como obra de arte, carecía de fundamentos, pues jamás llegaría oficial alguno al sitio del desastre. -¿Cómo empezó todo?- Le pregunté. Me dijo que una tarde a todos los bebés del pueblo les dio por salir corriendo como el niño que nos habíamos topado, y a las madres les dio por perseguirlos con el cable del televisor, no se sabía hasta la fecha si empezaron primero a correr los niños o a pegarles las madres, es una incógnita que quizá persista en el tiempo, el caso es que los niños crecieron un par de meses más y empezaron a agarrar en serio el consumo de “lucy”; lucy era una droga que se descubrió hacía poco tiempo, y abundaba en el centro de los palos de escoba, así que estaba prácticamente en todos los hogares; llevaba ese nombre en referencia a la legendaria canción de “The Beatles”, pues decían que “lucy” hacía todo brillar como si tuviera diamantes.

Un tiempo después, los policías empezaron a ser asaltados por los infantes enloquecidos por la droga, el gobierno cayó en manos de gente sin experiencia (cosa que no era novedad en ningún sitio del mundo), y entonces la manipulación por el poder empezó. Todo mundo quería “lucy” y el mercado de las escobas estaba al alza, los comerciantes de las esquinas empezaron a volverse los capos de la mafia (y yo me parecía a uno de ellos, por eso la pregunta inicial del gato); los infantes tenían el poder, las madres la locura, los gatos caminaban en dos patas y podían hablar.

No quise escuchar más la historia, el gato entendió y tomó un rumbo distinto al mío cuando me vio perturbado.Fue entonces cuando empecé a preguntarme donde estaban los hombres, ¿dónde estaba yo? ¿qué sitio ocupaba en medio de todo ese caos? Había pasado meses enteros sin asomar la nariz con tal de no recibir un viento recio, y cuando por fin decidí salir para despejarme, me encontraba de frente con una ciudad sin ley; Roberto solo era la corona, la cúspide del todo que se desmoronaba mientras yo estuve encerrado. ¿Cuántos más habrá, encerrados como yo? ¿Podré sacarlos del letargo? ó, ¿Será mejor permanecer quietos?

mammajugs:

Django Unchained, what a cinematic experience you are!

mammajugs:

Django Unchained, what a cinematic experience you are!

No te enamores

No te enamores, no sirve de nada, vas a desgastar tus noches pensando en imposibles; recolectando y ordenando palabras de distintas formas para ver como se reflejan mejor en sus ojos cuando las lea. 

Se te quemarán los labios, los dedos se llenarán de dolor en los huesos de tanto enredarse en un cabello ajeno al tuyo, se erizará la piel sin razón aparente, habrá caos, saliva, sudor; porque alguien estará tan cerca de ti que podrá respirar en tu oído de una forma altamente perturbadora.

Mirarás las estrellas y sentirás que tu cerebro se evapora entre tu razón y los pensamientos ahora estúpidos que posees. No sabrás de ti; incluso llegarás a creer que el corazón sabe mejor que tú dónde es su lugar,y harás lo posible por mantenerlo donde él quiere.

Llorarás ocasionalmente. Si eres neurótico la locura estará casi a la vuelta de la esquina, pues tus crisis irán en aumento, estallarás al inicio de cada sonrisa y al final de cada beso. 

No beberás, no comerás, no sabrá nada mejor en tu boca que esos labios, que esa piel, pues ahora se convierte en tu alimento. Oxígeno puro hecho cuerpo. Pasarás noches de soledad que parece eterna. Agonía. 

No te enamores, enamorarse es una agonía, y un cuerpo en agonía, suele saber que está vivo.

Alguna vez hubo palabras

Alguna vez hubo palabras

El camino

Sabíamos que tus pasos llegarían a algún sitio, no podíamos mirarlos, la ceguera en nuestras almas se había acrecentado con tu debilidad; pero de repente, comencé a ver tus huellas otra vez cerca de mi cuando me viste sentada llorando por tu distancia. Al mirar el suelo y ver esos pequeños pies en el piso supe que te habías levantado, reconocí tus manos primero, y luego tu sonrisa, ninguno de nosotros entendíamos qué era lo que estabas haciendo; pero lo hiciste para enseñarnos a todos que la vida era más que solo lo que podemos ver.

Hace ya un par de meses que empezaste a trazar un camino; algunos seguimos haciendo apuestas sobre el rumbo al que te llevará, otros solo se concentran en mirarte caminar, pues dicen que eres un milagro hecho carne. Yo creo ambas cosas, y cada vez que miro tu sonrisa y puedo abrazarte anhelo poder ser testigo del destino al que te llevará ese camino aun desconocido.

Nosotros no podemos entenderte, pero sé que en tu cabeza están ese montón de cosas inimaginables para una mente tan poco pura como la nuestra. Tu en cambio conociste la pureza, te acercaste a ella, y con eso, nos devolviste la sonrisa cuando te vimos caminar otra vez.

Para Joshua…